La Capilla de San Juan, santuario de la devoción del Barrio

 

Fue construida en los últimos años del siglo XVIII, poco antes de 1796, fecha en la que se instala su desaparecido retablo. Como toda obra arquitectónica fue ejecutada con una finalidad muy concreta, en este caso para dar culto a la imagen de San Juan Evangelista, que había quedado sin sede al ser suprimida la Parroquia de Santa María de Atienza en 1784.

La capilla se construye desde un principio para el Evangelista, y al igual que ocurrió con los retablos y pinturas que se instalaron en ella, los gastos fueron asumidos por el Cabildo de San Juan, según datos proporcionados por Amor Calzas a partir de uno de los antiguos libros de la Hermandad que ha desaparecido. Aunque el erudito menciona a Pedro Evangelio como el autor del retablo, sin embargo, se olvidó del arquitecto de la capilla, lo que ahora será muy difícil de averiguar.


   

Por su estilo, las trazas las atribuimos al arquitecto Mateo López, aunque también podrían pertenecer a otros maestros que residían en la ciudad por aquellos años, como Antonio María Carabella, que trabajó en el Palacio Episcopal, o Fernando López, en la Torre del Reloj. Siguiendo los planos de alguno de estos maestros, las obras serían ejecutadas probablemente por el maestro Francisco de Toledo, que en esos años está al frente de la construcción de la Torre del Reloj. En el plano escultórico, el retablo, los relieves y marcos de los lienzos serían ejecutados por el escultor local Pedro Evangelio, que también trabajaba sobre yeso.

El arte de estos momentos está controlado por la Real Academia de San Fernando, fundada en 1752. La ligereza y diversidad estilística que impera en la primera mitad del siglo XVIII poco a poco se fue transformando en orden, sublimidad y clasicismo. Desde la academia se intentará que la arquitectura siga la estela de las obras de la antigüedad clásica, porque ellos entendían que era la más perfecta. Criticaban las obras puramente barrocas por la falsedad de sus efectos teatrales y poco sinceros.

El proyecto, como todos los del momento, debió ser aprobado por la Academia, control necesario para imponer el nuevo lenguaje neoclásico. Los textos recogidos en las instrucciones de la época reflejan muy bien el estilo de la capilla. Los proyectos deben ajustarse al decoro, reflejando la sublimidad de la religión. Los retablos dorados se abandonan en beneficio de los mármoles, mientras que se recomienda que las arquitecturas sagradas sean acompañadas de pinturas y esculturas, para el esplendor y majestuosidad del culto.

   

Sin duda alguna se trata de una obra de gran equilibrio y proporción. El espacio barroco se reviste con los elementos clásicos como pilastras, balaustradas, marcos y bustos, mientras que permanecen otros de la etapa anterior, como los ángeles y serafines. El espacio se distribuye en dos tramos, uno principal, cubierto por una elegante cúpula con linterna, y otro más pequeño a modo de cabecera, cubierto por una bóveda plana.

De los elementos escultóricos, llaman la atención los bustos de cuatro profetas y los de numerosos ángeles y serafines. También se conservan numerosos marcos de yeso que servían para soportar lienzos, desaparecidos en la actualidad.

En último lugar, la majestuosidad de la capilla se manifiesta por medio de la luz que incide sobre relieves y elementos arquitectónicos a través de la linterna. Lástima que no se conserven la veintena de lienzos que transmitían al espacio sagrado infinidad de colores.

 

   

 

Hermandad de San Juan Evangelista
Barrio de Atienza - Huete (Cuenca) - F.D.